Había una vez en los años noventa donde una pareja de adolescentes que ya no eran tan jóvenes, tuvieron la noticia del hijo soñado, era un varoncito y nació un 19 de marzo del 1993 en el hospital San Bartolomé, elogios, celebraciones, regalos, ese niño era feliz, creció donde todo era perfecto, tenía un papá de ensueño hasta que todo se volvio negro, cambió a lo malo, la bipolaridad del mundo se hizo dar a conocer y la ruleta giró, las infidelidades estuvieron a la luz del día y se derrumbó ese proyecto de familia perfecta, la soledad de la madre la hizo refugiar en los padres donde todo era diferente y bueno pero aún el niño necesitaba el cariño paterno y por cariño hablo de abrazos y simples TE QUIERO no de mensualidades o solvencia económica; el niñito fue creciendo con el dinero a lado, los comienzos se estaban dando, ya todo estaba escrito y solo tenía que pasar, el niño cegado ante todo llenaba vacíos con dinero, con lujos, gustos, ropa y demás, el niño dejo de ser niño y se convertió en un puberto, lleno de ambiciones y miedos ya que nunca camino solo, siempre a lado de su madre y con la desapareción de su padre y su resurección cada fin de mes y luego su muerte hasta el próximo mes. Amistades maliciosas que querían algo a cambio de la compañia, las malas juntas del barrio, la rabia por el padre que no era perfecto, la pena por la madre que sufría por la desolución, pero siempre se cayó, siempre guardaba todo dentro ya que nadie se dio el lujo de contarle lo que pasaba, nunca alguien le contó lo que pasaba, el niño era despierto, sabía todo pero necesitaba saber que contaban con él, que lo tomaban en cuenta para decisiones ó que confiaban en él. Bien religioso siempre rezaba, oraba, pedía y demás al Señor, solo esperaba sentado en el mueble de su casa, en su soledad absoluta ya que a final de cuentas era un niño y no tenia preocupaciones o pena.
La rabia contra el padre, se fue perdiendo mientras crecía, la comunicación fue saliendo de a poquitos y todo marchaba bien, estaba calmado PERO la vida se encargó de arruinarle la sonrisa, el quiebre del papá lo trajo de vuelta al mundo real, donde no todo es color rosa y se consigue lo que se quiere, aquí se tenian que esforzar para conseguir lo que necesitaban, lo perfecto de derrumbaba una vez más y todo acababa nuevamente. Ahora la desesperación por tener dinero, por tener más, no tenía porque conformarse, siempre más y mucho más, el crecimiento es todos los días, no aceptaba paradas, no eso es de perdedores.
Se convirtió en un perdedor en la sociedad, su peor miedo se volvió realidad y sufrió un buen tiempo, el rechazo, el engaño, el aprovechamiento, todo se le junto, los problemas del hogar, la falta de comunicación lo hizo pararse al borde de una calle transcurrida de carros y se le pasó correr hacia la pista y solo cerrar los ojos para no saber más, la cara de su mamá lo detuvo, le hizo retroceder y llorar a mares mientras llegaba a su casa. Se guardo su anécdota para el mismo y quedo ahi, tan deprmido estuvo, se sintió feo, horrible, desagradable, sabía en ese entonces que no conocería a nadie, pensó que acabaría soltero y siendo un perdedor.
Creció y su metamorfosis se dió a relucir, estaba tan diferente el niño, se dió cuenta que la vida es mala y tu tienes que ser igual, aprender a pisotear y no dejarte mandar, que lo único que importa eres tú y nadie más. Así fue como se dió a conocer en un nuevo mundo, alguien frío y hueco, un fresa más pero esta vez era PERFECTO y ya no habia marcha atrás, volver sería perderse de nuevo y eso ya no; una semana de Agosto su mamá la que lo acompaño tantos años se tenía que ir a otro país a ganar más dinero, sí dinero fue lo que la alejo de su único hijo, el adolescente perdido en ese entonces le dijo que esta bien, todo sea por tener más dinero, la idea lo destrozó interiormente, pero guardo silencio y su soledad fue envolviendolo hasta ese día que su mamá estaba en el aeropuerto y cerró su negro capítulo, no habia duda el adolescente desorientado que haría si no sabe nada de la vida, siempre contó con ella y ahora que no está, nunca olvidare como ví a ese adolescente, se sentó en el mueble de su casa y lloró como si hubiera muerto el mismo, las lágrimas no le paraban, los ahogos por la desesperación, la rabia por el no hablar, su inicio de la separación de sus papás, su desperfección, su perfección cegadora, todo se le lleno, lo hizo explotar, lo hizo perderse y ya estaba, no había más de ese adolescente, había muerto interior y exteriormente, la pena a los meses lo fue devorando, las noches lo veían desvelarse leyendo, y su desquite con él mismo lo llevo al punto de dejar de comer, recuerdo cuando lo ví no servirse nada y salir a correr a las 5.50 de la mañana, aún estaba medio oscuro y lo seguí, estaba por un parque cerca a su casa y ahi daba sus vueltas sin descansar, quería ser de verdad perfecto, ser alguien de verdad, no de mentirita, ni de broma, ser alguien aunténtico. Lo acompañe en todo momento negro de su vida, lo vi pasar de una talla 32 a 26 y ver sus exagerados cambios.
Ya no era el niñito que nació en el hospital San bartolomé, este era otra persona que yo no conocía, solo lo vi crecer pero no pude hacer nadie es más nadie hizo nada, el niño estaba destruido y necesitaba que alguien le pregunte como estas pero nadie lo hizo, eso lo hundió más y lo terminó matando...
Woow
ResponderEliminarFelicitaciones por tu Blog
Realmente senti la emocion q trasmites en tu escrito, Lolo.
sigue asi y exitos